La financiación de litigios en España: un nuevo horizonte para la abogacía.2019-01-17T19:38:57+00:00

La financiación de litigios en España: un nuevo horizonte para la abogacía.

Por Armando Betancor

La industria de la financiación de litigios parece que llega a España para quedarse, después de una larga trayectoria anglosajona, con el fin de asumir los costes de los litigios a cambio de una participación en los futuros resultados de los pleitos judiciales. Si bien sus orígenes podemos encontrarlos en la razonable encomienda de acercar la justicia a aquellos con limitados recursos (David vs Goliat), hoy también permite a las empresas obtener financiación fuera del balance para monetizar litigios que de otro modo no progresarían debido a restricciones financieras o de capital. Con esta ratio, su verdadera especialización la encontraremos en la financiación de asuntos en el marco de procesos de Insolvencia, Arbitraje y Antitrust, y se sitúa en estos momentos en una industria multimillonaria con expansión mundial y que ha provocado numerosos cambios legislativos en numerosas jurisdicciones para su imprescindible acogimiento. Las significativas oportunidades que surgen para los financiadores, atendiendo a los elevados retornos que pueden obtenerse en este mercado, a diferencia de otras inversiones, hacen que nos encontremos ante una nueva clase de activos, no muy complicados de gestionar.

Lo anterior ha supuesto una evolución considerable de la industria, no solo para centrarse en financiar “ad hoc” casos concretos, sino para adentrarse en la financiación de firmas de abogados mediante la concesión de líneas de pre- financiación para portfolios de determinados asuntos, grandes corporaciones e instituciones financieras. Sin entrar a valorar si hoy en día la financiación de litigios es o no una buena oportunidad, sí podemos afirmar que las bondades y oportunidades que nos confirma la experiencia adquirida en mercados más maduros deberían ser suficientes para predecir su éxito dentro de nuestra amable jurisdicción. Normalmente, a vuela pluma, la financiación de litigios está pensada para un caso concreto donde un inversor proporciona capital a un demandante a cambio de una parte del posible retorno financiero de la demanda tras la sentencia firme. El capital proporcionado por la monetización de una reclamación legal o arbitraje se suele destinar directamente a cubrir los gastos litigiosos, incluyendo honorarios de abogados y procuradores, honorarios de peritos y de investigación y gastos judiciales, entre otros. Esta transacción financiera no se clasifica como un préstamo; lo que significa que, si la demanda o el arbitraje tienen éxito, el fondo inversor recibirá la parte pactada, y en caso de una sentencia desfavorable, el fondo perderá toda su inversión.

Los fondos internacionales son conscientes del atractivo del sector jurídico español. Tenemos una gran seguridad jurídica, los jueces están muy especializados y el presupuesto es mucho más favorable que en otros.

Atendiendo a esta última consecuencia, la industria de la financiación de litigios necesariamente se ha vuelto mucho más especializada realizando complejas auditorías para que el caso, objeto de financiación, cumpla con todos los requisitos de un “buen caso” y los asesores legales que lleven el asunto sean los más especializados en la materia. Esto crea para el supuesto concreto, una doble garantía, ya que si un fondo participa en el mismo, es que tiene claras posibilidades de éxito.

Ésta es una industria diseñada por abogados, en la que intervienen de forma significativa los Letrados, pero son los analistas financieros los que deciden su evolución. Por ello, no solo nos encontraremos con simples estructuras de financiación, sino otras más complejas, como fondos que invierten en sociedades vehiculares, cuyo objetivo es la financiación de múltiples litigios, no solo aportando los fondos para la asistencia legal sino también para su gestión. En cualquier caso, la relación de un fondo de litigación y un despacho de abogados se convertirá en un activo estratégico para todas las partes y aportará valor añadido dentro del competitivo sector jurídico.

Por último, no olvidemos que la financiación de litigios también ha entrado con fuerza en los despachos de los directores financieros de las grandes compañías porque es una herramienta con considerables ventajas contables que permite mantener los elevados honorarios y gastos litigiosos fuera del balance corporativo. No obstante, ello no debe suponer la pérdida de control sobre el caso, ni una baja monetización, pues se encuentra ante una nueva situación que, bien monitorizada, puede dar lugar a sustanciales recuperaciones, fruto de que en el conocimiento del asunto debe estar el gran éxito de la transacción. Los fondos son conscientes del atractivo del sector jurídico en España. Tenemos una gran seguridad jurídica, los jueces están muy especializados y el presupuesto es mucho más favorable que en otros países de nuestro entorno europeo.

Así, nuestra experiencia nos evidencia, después de muchos años de análisis, que el sector legal español sin duda está preparado para trabajar con el sistema de financiación de litigios y, aunque considero que ayudarían algunas necesarias reformas legislativas y quizás la puesta en marcha de una institución de arbitraje internacional, la jurisdicción española será, en un plazo muy breve, una de las jurisdicciones más atractivas sobre el particular.

Los fondos son conscientes del atractivo del sector jurídico en España.

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